DISCURSO DE LA MAGISTRADA GLADYS DE LOURDES PÉREZ MALDONADO, PRESIDENTA DE LA SALA CONSTITUCIONAL, DURANTE EL ACTO CÍVICO A LA BANDERA

Xalapa, Ver., Lunes 02 de Abril, 2018

Explanada Central de la Ciudad Judicial de Xalapa

 

Quien no quiera vivir sino entre justos, viva en el desierto.

LUCIO ANNEO SÉNECA

 

BUENOS DÍAS A TODOS.

Es un honor para mí presidir este dos de abril del 2018, desde el Palacio de la Justicia, los honores a nuestro lábaro patrio.

Corresponde a la Sala Constitucional del máximo tribunal de justicia del Estado, la conducción de éste acto cívico.

Agradezco a los Magistrados, al personal jurisdiccional y administrativo del Poder Judicial que nos acompañan.

Así como a la escuela primaria Laura Mora Muñoz su invaluable apoyo y presencia.

La paz exige cuatro condiciones esenciales: verdad, amor, libertad y justicia.

En este mes que recordamos a Leona Vicario, viene a mi memoria la actividad material de esta heroína insurgente de la ciudad de México, cuando en pro de la lucha, dona toda su fortuna a la causa independentista, compraba armas y enviaba información en clave a los patriotas, a quienes bautiza con nombre de literatos.

Fue la primera mujer que, en 1822, el Congreso, es decir, la soberanía nacional, le hace un reconocimiento al consumarse la independencia, por su activismo y aportaciones al movimiento liberal y de justicia.

Me llamo Leona Vicario, y quiero vivir libre como fiera.

A nivel internacional, no podemos dejar de nombrar a la llamada “Dama de Hierro”, Margaret Thatcher, de quien este mes pero del año 2013, recordamos su deceso, misma que fuera ministra del Reino Unido de 1979 a 1990 y a quien los medios de comunicación soviéticos la nombraron así, por su férrea oposición al comunismo y por su determinación para nunca ceder a lo que no estaba de acuerdo, e incluso cuando era fuertemente presionada.

Enfatizo esa parte de su personalidad, porque en esta época de movimiento social en el que nos encontramos, quienes nos dedicamos a la actividad jurisdiccional, desde las variadas trincheras, todas necesarias, debemos si bien es cierto ser flexibles y sensibles como servidores públicos para los justiciables, también es cierto que necesitamos contar con una determinación férrea, de hierro como administradores e impartidores de justicia.

Para no ceder ante presiones de ninguna índole, pues es precisamente el quehacer del juzgador el que debe estar provisto de conocimientos, probidad, honestidad, valor, sensibilidad y libertad, que sin duda nos llevaron a la imparcialidad y por tanto a la justicia, vocablo axiológico tan ansiado por la sociedad a la que debemos resoluciones impregnadas de legalidad, verdad y justicia.

Ahí tenemos la filosofía existencialista de Sartre, que como ejemplo exponía que los jueces nazis, cuando fueron cuestionados por sus decisiones contra los judíos, contestaron que obedecían órdenes superiores. Justificación no aceptada pues, según Sartre, pudieron haber dicho no, aunque la alternativa hubiera sido su muerte. Es decir, por mucha presión que se tenga para decidir en un sentido o en otro, Sartre opina que pudiste haber dicho no, por tanto, decidiste en ejercicio de tu propia libertad, pues en tanto hombre en tanto Ser-, estás condenado a ser libre?.

Por ello dejo el día de hoy esta idea, para que la tengamos presente y permanezca en nuestro pensamiento, otorgando frutos en nuestra labor pública, en la actividad tan loable como el derecho, que es parte no solo del andamiaje sino del cimiento fundamental del Estado de Derecho, aspiración legítima del Ser, incluso desde antes de aceptar el contrato social del que forma parte.

Y es que la justicia es un valor que va ligado al Ser consciente y de razón, todos nosotros, a partir del conocimiento del bien y del mal dualidad de todos los seres humanos-, comprendemos la valía de la justicia y la conciencia es nuestro mejor juez, es quien determina nuestro actuar correcto o incorrecto.

La justicia, decía Ulpiano, “es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho”. En ese sentido, es primordial para mantener la armonía y el orden social, en aras de la aplicación de la ley justa, impartir justicia desde una óptica donde impere el derecho humano de igualdad entre los seres.

La justicia no debe observarse bajo el yugo del miedo, sino todo lo contrario. La justicia debe ser aliada de todos, pues el Ser, en tanto aspira a lo justo, debe ser consciente de la igualdad entre sus pares, con independencia de género y en un afín incluyente.

La justicia, sin miras de igualdad, no es justicia. Tanto hombres como mujeres, valemos por ser personas. El Ser es, y una vez que lo es, es y será por siempre; merecemos trato igualitario, no discriminatorio y con estricto respeto al Ser.

Tengo una férrea convicción: Un país que aspire a trabajar, desarrollarse con y por la igualdad, es un país de derechos, contribuyamos todos los miembros del Poder Judicial y seamos el parte aguas que la sociedad reclama a sus instituciones.

Un país igualitario, es un país justo, igualdad es Justicia.

 

Gracias.